La Subestación Nueva Esperanza está situada en una terraza plana de 20 hectáreas, en la vereda Canoas  del municipio de Soacha, junto al Salto de Tequendama, el lugar mítico por donde  Bochica desinundó la Sabana de Bacatá,  a linde con la cuenca del Río Magdalena y en las afueras de Bogotá.

Este lugar era -es- el sitio ideal para construir la subestación eléctrica,  hasta  donde  llegará una nueva línea de transmisión con energía generada en El Guavio, para ser entregada a Condensa.  Un proyecto cuya construcción obtuvo EPM en una licitación pública de la Unidad de Planeación Minero Energética – UPME-  del Ministerio de Minas y Energía, en el año 2010.

El proyecto completo,  una línea de 500 mil voltios, otra de 230 mil y la subestación, se llama Nueva Esperanza.

2300 años antes, en el 400 antes de cristo (aC)  un grupo de personas de lo que sería luego la cultura Muisca debió pensar igual que este era un sitio ideal para establecerse y fundaron un centro poblado en el que estuvieron los siguientes mil años.

En la etapa de estudios previos a la construcción de la subestación, se hicieron 599 sondeos de prospección arqueológica y en sólo 3 de ellos no se encontraron vestigios de esta cultura.

La subestación estaba proyectada sobre un yacimiento arqueológico cuyo rescate tomaría casi 3 años y  supondría 14 mil millones de pesos adicionales de inversión.  Un rescate a gran escala, que terminaría arrojando importantes aprendizajes sobre los Muiscas y sobre cómo adelantar este tipo de trabajos.

La escala

De las 20 hectáreas que tiene la terraza, 14 corresponden al lote del que EPM disponía para las construcciones, de las cuales 6 hectáreas serían realmente construidas. En estas 6 hectáreas finalmente se hizo el rescate.

Pero en términos arqueológicos, un proyecto así es de talla triple XL.  Se necesitaron 65 arqueólogos, 150 operarios, campamentos con baños, oficinas, electricidad, conectividad, reparación de vías para transportar el personal y el material y un laboratorio de análisis en Bogotá. Los coordinadores del trabajo, arqueólogos expertos y no habían estado nunca en un proyecto así.

El terreno se dividió en  cortes de 20 m x 20 m; y estos a su vez en cuadrículas de 2 x 2 para identificarlas en un  plano cartesiano y sistematizar los hallazgos.

A cada corte se le asigna un arqueólogo y 6 trabajadores, y las excavaciones se van haciendo por capas de  10 centímetros de profundidad,  para ir inventariando los materiales rescatados en cada capa, con reseñas, fotos y dibujos.

Luego cada objeto rescatado en el hallazgo: huesos, tiestos, vasijas, piedras, es un mensaje encriptado que se convierte en relatos en un laboratorio en Bogotá, a donde son enviados, analizados e interpretados.

Organización y clasificación de las evidencias

Debido a la diversidad de materiales arqueológicos encontrados, se conformaron grupos de trabajo especializados para analizarlos en el laboratorio, de acuerdo con sus características y su naturaleza.

Un primer grupo analizó y codificó los materiales cerámicos, tanto los objetos enteros como los tiestos, que no sólo informan sobre usos culturales, ritos, decoración y alimentación, sino que permiten con cierta facilidad  ponerles fecha a los hallazgos.

Para el caso de Nueva Esperanza, se encontraron materiales desde el año 400 aC, hasta más o menos el 1450 dC, en una sucesión continua y homogénea en el tiempo, lo que confirma que ese fue un sitio de desarrollo   Muisca, desde sus inicios conocidos como el período Herrera –400 aC hasta 200 dC-  hasta el llamado Muisca Tardío, que comienza en el año 1,000 dC y termina con la conquista europea hacia el 1,600 dC.

En la mitad de ese lapso está el período Muisca Temprano, entre el 200 y el 1000, con el que concuerdan igualmente hallazgos.  La incógnita es que al parecer en el 1450 dC, antes de la llegada de Quesada, ya nadie vivía en Nueva Esperanza.

El segundo grupo estuvo integrado por los bioarqueólogos, quienes estudiaron los restos humanos, huesos y dientes, a partir de los cuales  empiezan a deducir posibles enfermedades y por tanto problemas en la calidad de  nutrición y en las condiciones económicas y culturales.

El color  y algunas deformaciones en piezas dentales, hablan de endogamia; y de una dieta rica en maíz y carbohidratos y tal vez deficiente en proteína.

El tercer grupo de expertos trabajó con los líticos, herramientas y objetos en piedra; y un cuarto grupo analizó los misceláneos, conformados por elementos un poco extraordinarios como pequeños crisoles, copas de piedra, cuentas de collar, fósiles, pesas para red de pesca y algunos objetos en oro.

El Relato

El análisis de estos datos y la manera como se distribuye su descubrimiento en el terreno, permiten que los arqueólogos hagan un relato coherente.

La agrupación de huellas de postes, así como  los  tipos de vivienda y los hallazgos en las piezas dentales,  dicen que tal vez había  clanes familiares cerrados, especie de castas en el poblado.


Ciertas irregularidades del terreno, hablan de zonas de cultivo para estos clanes familiares.  Las diferencias de tamaño en estas chacras indican producción de excedentes en algunas, tal vez para parientes, tal vez para pagar impuestos.

Nueva Esperanza estaba bien comunicada a juzgar por los tipos de semillas y  los objetos de oro,  muchos de ellos provenientes de otros climas, casi con seguridad intercambiados con pueblos  Tolima, Quimbaya,  Tairona y probablemente  Zenúes en la región del Caribe.

La gran variedad de los volantes de huso para hilar, habla de la industria textil de la cultura, y confirma que las mantas eran su moneda de intercambio.

La disposición de las huellas de postes, indica cómo fue la  evolución de las casas y posiblemente del auge económico del asentamiento.  Primero fueron circulares de 6 a 10 m de diámetro, y luego rectangulares de 18-20 x 12-14 metros, dispuestas en grupos de entre 12 y 17  casas.  Las circulares solían agruparse en complejos de hasta 32 unidades y a veces se contenían dentro de las circulares.

Los patrones de estos grupos de vivienda indican una movilización urbana hacia el norte de la terraza, donde tal vez estaba el grueso de la ciudad.

O posiblemente hubo hacia el año 1450 una movilización hacia Bacatá, poblado que demandaba mano de obra y ofrecía más oportunidades, pues después de ese año, no hay más objetos en la zona excavada.

En números, lo que se encontró

• Restos de 2,200 individuos
• 23.4 toneladas de material arqueológico
• 274 vasijas enteras (cerámica)
• 100 piezas de orfebrería de uso ornamental (no ritual)
• Semilas de algodón, maíz, fríjol, curuba
• 117 volantes de huso completos y 517 fragmentados, utilizados para hilar
• Pulidoras, proyectiles, lanzaderas, cuchillos de piedra…