• Horizontes puede ser visitada hasta el 7 de agosto de 2016 en la Sala Cundinamarca del Museo.
  • La elección de la nueva Consentida consistió en una curaduría conjunta de los empleados del Museo de Antioquia.

Horizontes (1913), de Francisco Antonio Cano, es la segunda obra elegida como La Consentida, luego del éxito que tuvo Monalisa niña (1961), de Fernando Botero, obra con la que se dio apertura al programa. Horizontes fue elegida en una curaduría conjunta de los empleados del Museo de Antioquia, quienes participaron en una jornada de análisis de las distintas obras de la colección y decidieron que Horizontes era la más propicia para consentir, con un total de 25 votos.

La Consentida es un proyecto del Museo que busca acercar a los públicos a obras de nuestra colección, que resultan significativas por su historia, sus creadores, las lecturas que podemos hacer desde distintos niveles y el cruce de miradas con otras obras, no solo de Colombia, sino del mundo.

La obra estará exhibida en la Sala Cundinamarca del Museo, espacio que permite la conexión directa de la institución con la calle, pues es visible desde afuera del Museo. Además, ha hecho posible incidir de manera positiva en las dinámicas de la zona y ha generado un diálogo entre los transeúntes de la calle Cundinamarca y nuestro público. Horizontes puede ser visitada hasta el 7 de agosto, fecha elegida para que los turistas y locales que participan de la Feria de las Flores puedan disfrutarla, pues es reconocida como una de las obras más queridas de nuestra colección.

Sobre Horizontes

Horizontes es una obra en la que vale la pena detenerse, pues constituye una joya de la colección, pero como toda joya, para mantenerla viva hay que cuidarla, hay que reactualizarla. Y eso es lo que vamos a hacer con La Consentida”, explica Nydia Gutiérrez, curadora del Museo de Antioquia.

Horizontes es sin duda una de las obras más importantes de la colección del Museo de Antioquia, no solo por lo que representa desde su iconografía, los temas a los que se refiere, sino también por ser una obra de Francisco Antonio Cano y el papel que ocupa este artista en la historia del arte antioqueño.

Esta obra narra el proceso de la colonización antioqueña, la llegada de los primeros pobladores a Antioquia y la manera como hicieron el territorio productivo. Y como todo proceso de colonización, fue complejo, pero Cano supo representar en esta imagen su lado más amable, “un lado que ha marcado el espíritu de los antioqueños, que es importante para sus valores y creencias. Esa narrativa de Cano se fue convirtiendo en un estereotipo de lo que son los antioqueños”, agrega Gutiérrez.

“Pero ocurre que los valores estéticos del cuadro maquillan el drama detrás de la imagen: el de miles de campesinos que durante nuestra historia se desplazan a lo largo y ancho de la geografía en busca de un lugar propicio para `levantar familia`, como indicaba la bella expresión del habla popular”, escribió Juan Luis Mejía para la revista Arcadia, en el año 2014.

Por esto, el Museo, en la revisión crítica de su colección, pone a dialogar a Horizontes con otras obras que cuestionan o critican esa lectura dorada de la colonización, con artistas tales como Jorge Alonso Zapata, Carlos Uribe, Eladio Vélez, Luis Eduardo Vieco, Rafael Sáenz, Adriana Escobar, AKA y el colectivo Agroarte, el fotógrafo Jesús Abad Colorado, entre otros.

“Son esos estados en tensión, esas visiones antagónicas, las que hacen ciudad, las que hacen comunidad, las que hacen esfera pública. Qué mejor que la Sala Cundinamarca, a medias entre lo público y lo privado, para plantear de nuevo las tensiones propias de la lectura de valores y creencias como los que están plasmados en Horizontes”, concluye Gutiérrez.