“Me siento feliz… es como un regalo que no pensé que iba a recibir. Fui desplazada por paramilitares del municipio de Peque y me tocó salir sin nada y dejarlo todo abandonado porque me dieron unas pocas horas para irme”.

Amparo Rivera recuerda las penurias tras el desplazamiento forzado que vivió al llegar con las manos vacías a Medellín y la superación que logró con su esfuerzo y trabajo. Cuenta que accedió a programas de capacitación y ahora “soy pequeña empresaria textil junto a mi hijo Miguel, quien es mi mano derecha y el que impulsa el negocio de la familia. Él estudia Ingeniería Industrial en la Universidad y se esfuerza noche y día para que el tiempo le dé entre su estudio y la microempresa”.

Esa tenacidad fue reconocida por la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas con la entrega de la máquina plana, la silletería y un ventilador que fortalecerá su taller de confecciones.

El taller de confecciones tiene seis máquinas y ha vinculado a su producción a familiares cercanos, a vecinos y otras personas quienes, cuenta Amparo, “alguna vez una mano para no caer en la droga o el alcoholismo en el barrio Campo Valdes de Medellín”.

Siendo campesina de crianza y dedicada al cuidado de animales y al cultivo de café, se inició en el negocio de textiles y confecciones por casualidad e impulsada por la necesidad de salir adelante con su familia afectada por la violencia.

Hoy es su hijo menor es quien lidera todos sus proyectos de vida familiar. Miguel, de 20 años, llama a los clientes, recibe pedidos, compra insumos, lleva las cuentas, maneja las máquinas planas y fileteadora, ayuda a la corte y al diseño de moldes, comercializando sus productos a Pasto y a Apartadó.

Esta mujer emprendedora fue una de las 364 víctimas del conflicto en Antioquia, en su mayoría desplazados que residen en Medellín y el Valle de Aburrá, que recibieron dotaciones para la consolidación de un proyecto productivo que les permita superar su situación de vulnerabilidad, como parte del acompañamiento a sus procesos de retorno y reubicación.

Quieren ser emprendedores
La alegría de lograr un fortalecimiento del negocio que le da sustento su familia también se refleja en Andres Estrada, quien con ojos lagrimosos de la emoción, relató que se cumple su sueño de mejorar el taller de confección que tiene en el barrio Robledo, junto a su hermano mayor y madre. “Yo creía que no iba a ser verdad que iba a poder tener mi propia máquina de corte y mi mesa de corte, me tocaba pedirla prestada o en alquiler muchas veces para poderle cumplir a mis clientes a los que les confeccionamos camisetas y pijamas”.

Luego del desplazamiento ocurrido en Amalfi (Antioquia) hace 16 años, y con el impulso y el entusiasmo de Andrés y su hermano, Luz siente que avanza en su reparación gracias a que genera sus propios ingresos económicos.

La implementación de estos Esquemas Especiales de Acompañamiento consiste en la entrega de materiales e insumos para sus negocios con una inversión aproximada de 1.000 millones. Estas familias ya se había focalizado por parte de la Alcaldía de Medellín con una inversión aproxima de 700 millones de pesos en bienes e insumos, sumado a un proceso de seguimiento y capacitación que fortalezcan los proyectos y los convierta en prosperas unidades productivas.

Para Jorge Mario Alzate, Director de la Unidad para la Reparación a las Víctimas en Antioquia explica que la “entrega de insumos es la posibilidad de que un sueño se haga realidad, es poderle cumplir a las víctimas del conflicto armado reestableciéndole sus derechos para que puedan vivir con dignidad y que a través de estas puedan garantizar sus ingresos. Este es un trabajo articulado con la Alcaldía de Medellín, quienes ya habían focalizado a estas familias con otras entregas de insumos y capacitación dentro de sus planes de negocios.