Por. Alejandro Salom González.

Fotografías: Carlos Mario Agudelo.

Esta bitácora de viajes inicia en Jericó, a más de 108 kilómetros de la capital del departamento de Antioquia (aproximadamente 3 horas en carro) allí donde el ambiente brinda una tranquilidad única, como si se tratara de un lugar sagrado, y con una arquitectura predominantemente republicana, con casitas muy pintorescas, como sacadas de un cuento infantil.

Además de todos los hermosos lugares que hay por visitar, no sería exagerado decir que la calidez de su gente, es uno de los principales atractivos. La Atenas del Suroeste, como también es conocida esta población de no más de 15 mil habitantes, se caracteriza por ser  tierra de gente culta, hospitalaria y por supuesto, emprendedora.

No es extraño, toparse con sonrisas y saludos de personas que jamás hayas conocido. Esto hace parte de la cultura del  “pueblo más hermoso de Antioquia”, otro apelativo que recibe Jericó.

Caminar por las calles adoquinadas cercanas al Parque Principal, donde se erige la imponente Iglesia Parroquial Nuestra Señora de las Mercedes, es tan sólo; un corto recorrido que permite vivir a quien lo hace, una experiencia gratificante capaz de trasladarte hacia la época gloriosa de Jericó, cuando este asentamiento logró ser un departamento de Colombia, a comienzos del siglo XIX.

Para muchos, su nombre es conocido por ser la cuna de la Santa Madre Laura Montoya, la primera y hasta el momento, la única santa colombiana. No obstante Jericó es mucho más que turismo religioso, allí se respira cultura y tradición.

Es un hecho que la canonización de la Madre Laura catapultó el turismo en su tierra natal. Antes también era conocida por ser la cuna del ilustre poeta, escritor y periodista Manuel Mejía Vallejo; autor de “La casa de las dos palmas” o el notable médico y luchador de los derechos humanos, Héctor Abad Gómez, padre del escritor y periodista Héctor Abad Faciolince.

El turismo en este bello rincón del suroeste antioqueño, se ha consolidado como una de las principales actividades económicas en los últimos años, en parte gracias a sus hermosos paisajes, donde predomina la alta montaña, los cafetales y el guarniel, una verdadera insignia de la cultura paisa, absoluto orgullo de los jericoanos.

Uno de ellos es Rubén Darío Agudelo Bohórquez un heredero de la confección de carriel jericoano, una tradición familiar que lleva más de sesenta años, gracias a la Guarnielería Darío Agudelo e Hijos, la más antigua de Jericó y fundada por su padre.

“La palabra carriel, es un anglicismo proveniente de la expresión “carry all” que traduce “carga todo”, como la mayoría  de personas no sabían pronunciarlo, la evolución de la palabra; con el tiempo, nos llevó a lo que hoy conocemos como carriel, pero la palabra auténtica por todos los antioqueños es guarniel, que finalmente significa lo mismo.” Anotó Rubén Darío.

Parece que al ser el primogénito de la familia, no sólo había heredado el nombre de su padre, sino también su profesión.

“Empecé de muy niño, acompañaba a mi papá en el taller y mientras lo veía trabajar, yo cortaba cueritos y le ayudaba con el aseo… Más adelante me fue enseñando la técnica, y por ende la pasión por el arte. Recuerdo que empecé haciendo “chichiguas” que es el carriel más pequeño, el que no tiene número.” Comentó.

En la actualidad no sólo se dedica al negocio que heredó de su padre, además emprendió en compañía de su esposa e hijas, su propio proyecto familiar, lo que significa continuar la tradición con sus hijas; la tercera generación.

“Carrielarte, es proyecto que emprendí con mis hijas, luego de que ellas lograron su carrera profesional, regresaron a Jericó para continuar con el trabajo del cuero. Esta vez con una técnica más moderna, pero sin dejar la línea del tradicional guarniel.”

Todo el tiempo de trabajo dedicado al guarniel, tuvo su primer reconocimiento cuando en el año 1987 le fue otorgada a su padre, la medalla a la maestría por Artesanías de Colombia, propiciando mantener el legado de la guarnielería a través de la enseñanza de la técnica a la nuevas generaciones.

“A todo aquél que llegue le enseño, porque de eso se trata la maestría, de poder ofrecerle mis conocimientos a cualquiera y tratar de seguir con la tradición” agregó Agudelo Bohórquez.

En el 2016, casi 30 años después,  la hazaña se volvió a repetir. Esta vez fue el heredero, Rubén Darío; reconocido con la misma medalla que recibió su padre en el 87, el Premio Nacional a la Maestría Artesanal, otorgado por Artesanías de Colombia.

Espere mañana nuestra segunda parte de este especial Suroeste Antioqueño, del Periódico Mi Región.